Vamos por parte. Lo primero que mencionaré, y que me terminó de enfurecer, es que ahora el gobierno
está enviando un proyecto de ley para financiar permanentemente el sistema, el cual tendrá un costo mensual de US$30.000.000 de dólares (FUENTE), esto es $13.770.000.000 en moneda local, cubriendo la inoperancia financiera que actualmente enfrenta el sistema, odiado por muchos, amado por pocos.
Para colmo, en el mismo proyecto de ley se contempla crear un subsidio para regiones, en una forma desesperada por intentar darles fondos a los parlamentarios de regiones para que voten por la iniciativa gubernamental.
Transantiago enfrenta un problema. Además de no tener el funcionamiento general que se aseguró en un principio, la tecnología que se prometió, entre las cuales se cuentan los famosos contadores de personas, las pantallas de información al usuario, el sistema de control de flota (gps) y el sistema de interacción del conductor con el usuario, no existen.
Al menos, el sistema de control de flota se verá, según lo prometido por las autoridades, en el transcurso de este año, mejorando las frecuencias de los buses (hipotéticamente), y beneficiando a los usuarios.
Del sistema de pantallas de información, no se sabe. Lo único que despliegan los buses es la palabra Transantiago una y otra vez, o bien algunos operadores rellenan eso con un "gracias por su preferencia" o similares, pero nada de lo que se prometió en un comienzo. Algunos incluso cuelgan del techo de los buses, están rotos o dañados, o bien han sido quitados.
Los contadores de pasajeros fueron una suerte de experimento (si, experimento) fallido, ya que descubrieron "tardíamente" que los buses, en las horas peak viajaban llenos, y los pasajeros se agolpaban en las puertas, haciendo que los contadores funcionaran erróneamente. Lógico o no, esto no se previó al momento de idear el sistema de contadores de pasajeros. Hoy están dañados, han sido arrancados y sirven de bonito adorno para los buses, sumados a el deterioro que presentan debido al pésimo cuidado que tanto usuarios como operadores les dan.
Y por último, el sistema de interacción entre el conductor y el usuario, el cual permitía que el primero contara con un micrófono, con el cual emitía mensajes de aviso hacia los usuarios, jamás existió no ha existido. Lejos de instalar los equipos en los buses (no en todos), éstos no funcionan, dejando la tecnología de inútil por no ser utilizada. Algunos buses ni siquiera cuentan con la tecnología.
Soy un férreo opositor a lo que el gobierno realiza para "solucionar" el plan. Me opongo a que un panel de "expertos" decida qué es lo que beneficiará a los usuarios, cuando jamás han realizado encuestas sobre la percepción del servicio, para averiguar las falencias.
Llamémoslo "el sistema que nunca será lo que pretendía ser", porque no lo es y jamás lo será. Sé que a lo mejor, muchos de ustedes son de regiones, queridos lectores, pero éste es un ejemplo de cómo aquellos que nos gobiernan derrochan el dinero en sistemas que no funcionan.
Hay quienes defienden el subsidio, alegando que "siempre ha existido una subvención al sistema". Bueno, si, efectivamente ha existido una subvención, pero no de US$300 millones de dólares al año. Son trescecientos millones que sirven para mejorar muchas cosas, y que hoy se gastan sin medida para un sistema que no funciona.
Yo les pregunto a ustedes, queridos lectores desde fuera de la capital:
Cuando a ustedes les ofrecen algo que no funciona, les prometen innovación tecnológica, mejoras en el confort, seguridad, eficiencia, y eso no se cumple, permitirían que se siguiera financiando algo así?
Bueno, en Santiago pasa eso. Nadie hace algo. Todos acatan, como el síndrome del rebaño y los perros labradores.
Saludos a todos. Su comentario es agradecido.



interesante, pero luego de un tiempo comencé a ver los defectos que tenía el sistema.





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