En vista de que hoy se proclamó a Eduardo Frei como candidato de la Democracia Cristiana, es que me permito darle un pequeño mensajito a esta coalición que tantos problemas ha tenido y tendrá para encontrar su candidato presidencial.
¿Proclamando a cuanto candidato puedan lograrán renovar a una coalición que se ha desgastado durante los 18 años que lleva en el poder? No señores, esa no es la respuesta.
Armar filas, pensar hacia el futuro, crear programas comunes y pensar que el destino no es llegar al poder (porque se les nota) sino concretar el camino para un nuevo Chile, post Bicentenario, es lo que debe estar en sus cabezas. No una competencia por unas primarias que al final nos arrojará un resultado. La mejor carta está sobre la mesa, y no hace falta hacer elecciones.
Frei no es un buen candidato, sólo por el hecho de venir de la DC. Un partido que perdió su gloria cuando comenzó a caer en picada con la ida de emblemáticos rostros, la lucha de ideas y esta odiosidad mañosa que siempre ha sido parte del partido que trata de mantener una posición de privilegio en la Concertación. Simplemente no. ¿Para que Frei se repita el plato? Vamos, lo que menos se quiere es que alguien tome el sillón presidencial por segunda vez, porque no son buenas.
Hoy Insulza, a pesar de su arrogancia (claramente menor que la de Lagos), es la única carta jugable del oficialismo, porque simplemente no hay más. Se esmeraron en demostrar que no se la pueden con un proyecto conjunto y con ideas comunes que pudiesen mantener el liderazgo, y las encuestas, aunque no son para nada confiables, podrían mostrarnos una tendencia de cómo se viene el camino para el bando rival, Piñera.
¡Unidad carajo, no a medias, sino de verdad!

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