Santiago y la contaminación: la utopía de respirar un aire más limpio.

Desde el 25 de Junio ya pasamos la marca de las 5 preemergencias ambientales en la capital, con índices que son los más altos desde 1989.

El día 3 de Junio, el gobierno formó una comisión de 12 "expertos" en temas ambientales con el fin de, en un plazo de 30 días, tener un diagnóstico sobre la calidad del aire en Santiago para crear medidas de descontaminación.

"El PPDA actual (Plan de Prevención Descontaminación de la Región Metropolitana) contiene medidas estructurales orientadas a la reducción de emisiones de material particulado y gases a la atmósfera. Las principales medidas se orientan a la reducción del 75% de las emisiones de Material Particulado (MP10) y 40% de los Óxidos de Nitrógeno (NOx) asociadas al transporte público; y a una reducción del 50% del MP10 y 50% de NOx por parte del sector industrial, y al mejoramiento de los combustibles de uso vehicular". Extracto del sitio web de la CONAMA.

Al parecer, este plan ni el famoso modelo predictivo han funcionado, ni para prevenir, ni para descontaminar.

El parque automotor ha crecido de manera asombrosa en los últimos 5 años, de manera que las restricciones vehiculares ya no se vuelven efectivas. Sumémosle a eso la ineficiencia como se ha tratado el sistema de transportes capitalino, incapaz de aguantar a más usuarios de los que ya tiene.

Recién se comienzan a ver planes para construir ciclovías, un punto importante para incentivar a los ciudadanos a dejar el automóvil en casa.

¿Qué pasó cuando escuché decir a un ministro Espejo (titular de transportes) que los buses del transantiago iban a ser EUROIII?

Los buses que están llegando son EURO II, y por ende, contaminan más. Ni hablar de los buses antiguos, me ha tocado subirme a verdaderas carretas.

Otro punto crítico es el modelo predictivo. Hoy no hay certeza ni exactitud en las predicciones.

"Es como tirar una moneda al aire", afirma Álvaro Erazo, intendente de la RM.

Él mismo confirma que hoy el sistema es tan impreciso, que hay un margen de error y de acierto de 50 y 50%. En 2 palabras, un chiste totalmente impráctico.

Como dice mi buen amigo Arturo en su blog "Yo quiero respirar aire de verdad, como el que tuve la oportunidad de respirar en Valdivia entre sus bosques y árboles".

Ciertamente no es sólo un problema de gobierno. La gente misma a veces hace caso omiso a las restricciones que se imponen en días de preemergencia.

Un caso emblemático es el de Pamela Diaz, modelo chilena quien fue multada ayer por conducir su automóvil con restricción vehicular.

De ahí que esto es tarea de todos. Contaminar menos, de todas la maneras posibles, aunque el gobierno no se las lleva "peladas". él es el responsable de fijar las medidas y planes de descontaminación y mejoría de la calidad de aire en la capital.

¿Cuándo llegaremos a respirar un aire más limpio?

¿Cuándo se harán realidad las promesas políticas?

Transantiago y esa tecnología que jamás existió.

Vamos por parte. Lo primero que mencionaré, y que me terminó de enfurecer, es que ahora el gobierno está enviando un proyecto de ley para financiar permanentemente el sistema, el cual tendrá un costo mensual de US$30.000.000 de dólares (FUENTE), esto es $13.770.000.000 en moneda local, cubriendo la inoperancia financiera que actualmente enfrenta el sistema, odiado por muchos, amado por pocos.

Para colmo, en el mismo proyecto de ley se contempla crear un subsidio para regiones, en una forma desesperada por intentar darles fondos a los parlamentarios de regiones para que voten por la iniciativa gubernamental.

Transantiago enfrenta un problema. Además de no tener el funcionamiento general que se aseguró en un principio, la tecnología que se prometió, entre las cuales se cuentan los famosos contadores de personas, las pantallas de información al usuario, el sistema de control de flota (gps) y el sistema de interacción del conductor con el usuario, no existen.

Al menos, el sistema de control de flota se verá, según lo prometido por las autoridades, en el transcurso de este año, mejorando las frecuencias de los buses (hipotéticamente), y beneficiando a los usuarios.

Del sistema de pantallas de información, no se sabe. Lo único que despliegan los buses es la palabra Transantiago una y otra vez, o bien algunos operadores rellenan eso con un "gracias por su preferencia" o similares, pero nada de lo que se prometió en un comienzo. Algunos incluso cuelgan del techo de los buses, están rotos o dañados, o bien han sido quitados.

Los contadores de pasajeros fueron una suerte de experimento (si, experimento) fallido, ya que descubrieron "tardíamente" que los buses, en las horas peak viajaban llenos, y los pasajeros se agolpaban en las puertas, haciendo que los contadores funcionaran erróneamente. Lógico o no, esto no se previó al momento de idear el sistema de contadores de pasajeros. Hoy están dañados, han sido arrancados y sirven de bonito adorno para los buses, sumados a el deterioro que presentan debido al pésimo cuidado que tanto usuarios como operadores les dan.

Y por último, el sistema de interacción entre el conductor y el usuario, el cual permitía que el primero contara con un micrófono, con el cual emitía mensajes de aviso hacia los usuarios, jamás existió no ha existido. Lejos de instalar los equipos en los buses (no en todos), éstos no funcionan, dejando la tecnología de inútil por no ser utilizada. Algunos buses ni siquiera cuentan con la tecnología.

Soy un férreo opositor a lo que el gobierno realiza para "solucionar" el plan. Me opongo a que un panel de "expertos" decida qué es lo que beneficiará a los usuarios, cuando jamás han realizado encuestas sobre la percepción del servicio, para averiguar las falencias.

Llamémoslo "el sistema que nunca será lo que pretendía ser", porque no lo es y jamás lo será. Sé que a lo mejor, muchos de ustedes son de regiones, queridos lectores, pero éste es un ejemplo de cómo aquellos que nos gobiernan derrochan el dinero en sistemas que no funcionan.

Hay quienes defienden el subsidio, alegando que "siempre ha existido una subvención al sistema". Bueno, si, efectivamente ha existido una subvención, pero no de US$300 millones de dólares al año. Son trescecientos millones que sirven para mejorar muchas cosas, y que hoy se gastan sin medida para un sistema que no funciona.

Yo les pregunto a ustedes, queridos lectores desde fuera de la capital:

Cuando a ustedes les ofrecen algo que no funciona, les prometen innovación tecnológica, mejoras en el confort, seguridad, eficiencia, y eso no se cumple, permitirían que se siguiera financiando algo así?

Bueno, en Santiago pasa eso. Nadie hace algo. Todos acatan, como el síndrome del rebaño y los perros labradores.

 

Saludos a todos. Su comentario es agradecido.

 



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